Os voy a contar una historia…

Fue indescriptible lo que se puede llegar a sentir en un momento así,tantos días,tantas horas,tantos minutos,sin poder ver salvo una parte de su zona de convivencia habitual, veías algún vecino, al personal del supermercado, a la frutera, al de la tienda de comestibles, y mirabas por la ventana cuando sonaba alguna sirena de la policía local o protección civil porque felicitaban a un niño/a que estaba de cumpleaños, y pocos más sonidos que los de las gaviotas, algún coche por no decir ninguno, los pájaros, hasta se oía el sonido de los productos del supermercado pasando por el escáner, parecía la calle y  la ciudad fantasma…es como si todo hubiera desaparecido…

Después de 51 días encerrados, el sábado pasado podíamos bajar una hora a pasear, a correr o caminar a un kilómetro de nuestro domicilio. Seguro que todos y todas habéis visto durante estos días como estaban las calles. Llenas de vida, de alegría, de gente. Volvían a ser esas calles que prácticamente se habían borrado de nuestra memoria.

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Yo decidí ir hacia el mar, ese mar que echaba de menos oler, ver y sentir. Tuve una sensación muy rara, era como si hiciese años que no voy a la misma playa por la que hace 51 días caminaba. Es curioso lo que hace en la mente de las personas estar tanto tiempo sin pasar por un lugar.

Al día siguiente cambié de ruta y aunque ver las tiendas cerradas, donde antes entraba y salía gente continuamente, mí heladería favorita La Italiana que volverá abrir después de todo esto, y volveremos a disfrutar de sus helados artesanos que están tan ricos.

Ojalá más pronto que tarde exista una vacuna, medicamento que nos libre de este maldito virus, y que todo vuelva a ser como antes o al menos se parezca.

Y GRACIAS A TODOS Y TODAS los que habéis hecho posible que todo esto lo fuera menos duro de lo que es y aún será pero sobre todo a vosotros y vosotras los sanitarios que habéis sido nuestros mayores héroes en todo esto. Y a los que cuidan de nuestros mayores también que sé lo que es  que a mi abuela en su momento, la cuidabais muy bien.

La mejor sensación sin duda fue  volver a sentir la LIBERTAD, no tiene precio.

 

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